…pero cuando huía
llegué de pronto a un jardín,
los nepentes abundaban,
veinte rosas y un jazmín…
tantas flores, tantas rosas,
tanta luz que arrancar,
y arrancaban mi guitarra
con sus labios de jaguar.
Cuan certero fue el hallazgo
del jardín y sus hedores,
mil nepentes me cuidaron
pisoteando yo sus flores.
Nunca supe si fue suerte
pero una rosa yo guardé,
rosa es el arte de la muerte
cuando espina es la miel…
y el nocturno se hizo diurno
cuando la ilusión alimenté
¡triste rosa se comió mis ojos,
como cuervo que nutrió mi piel!
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