Damas y caballeros, lectores imaginarios, demonios y ángeles míos:
He aquí la OPUS No. 1 del repertorio que Uds. mismos han sugerido con sus propias vivencias… he aquí su mundo en mi materializado… dedicada ésta al amor de mi vida, hembra de ojos azules como el azul de mi negra existencia.
Miro hacia el viejo rincón y ya no estás. Esos cartones tumbados sobre los que tu descanso solías confiar, intactos depués de tu partida, miran con odio a quien te extraña aún más que ellos.
Mi cuerpo hormiguea, y es que no logro romper la imagen de tu voz mientras tocaba la canción. Solía acariciarte la cabecita, ¿Recuerdas? y tú, mientras tus azules miradas se volvían dentro de ti bajo tus párpados, mostrabas tu felina sonrisa, oculta para los demás, sólo yo la podía ver, puesto que sólo sonreías para mi. Tus garras salían a saludarme y a hacerme coro con su dulce caricia, y aunque mi piel sangrara, no me quejaba, puesto que era mi corazón quien te mandaba a un escuadrón de sonrisas rojas a saludarte a través de mi piel.
Cuando llegaste, eras diminuta, tan diminuta como la luna que tras de tu silueta se asomaba… pero me miraste, y con esa tu mirada, la que aún guardo en el rincón más celoso de mi corazón, te engrandeciste ante la ceguez de quien pretendía dejarte morir.
Crecias muy rápido y yo no me quería perder ningún instante contigo, mas tu huella en este mundo querías dejar y partiste por un tiempo para volver poco después.
Ahora no hay regreso, y miro el limón - desde donde te gustaba mirarme - casi tan seco como mis ojos, buscando algún indicio de tu presencia, pero tú ya no estás.
Aquel mueble donde como adorno solías posarte no se ha cambiado de lugar. Furioso está por el daño que le hiciste con tus dulces y tortuosas garras, pero aún así, extrañándote como quien extraña el objeto que mejor le hacía ver.
Nadie pregunta por ti, sólo yo me he desecho de mi feliz imagen para recordarte con mis lágrimas y muertes.
Sí, lo confieso: ¡Yo te lastimé con el cactus que apareció una mañana clavado en tu veintre!… ¡Lo lamento!… pero eso no te da derecho a pudrirte mientras te imagino.
¡Yo te golpeé con más cólera cuando la ropa de mamá amaneció llena de tu pelo sobre el sillón!… cuando, a pesar de que pudiste haberme culpado de haberte puesto yo ahí, preferiste callar… te extraño.
Lamento tanto el extrañarte, más nada puedo hacer para remediarlo. Te prometo que nadie más cantará aquella canción que maullábamos juntos cuando aún me querías, que ya nadie ignorará conmigo la presencia idiota de la luna ante tus bellos ojos. Te prometo no extrañarte más, si y sólo si me dejas, en la lejanía, con tu voz perdida, anémica y efímera, escuchar el coro de tu canción de despedida.
Mi adorada felina, ahora envidio tu descanso… lo lamento: yo no te maté, sólo quería lastimarme un poco.
.: GATA :.
=^^=
Rest In Peace
2 0 0 2 – 2 0 0 7